Blog de Ignacio Fernández

Blog de Ignacio Fernández

domingo, 22 de abril de 2018

Feria

     Es desnudarse visualmente la primavera y de inmediato sobran abrigos, craso error, y se desata una infección de farolillos, cadenetas, guirnaldas y banderillas por doquier. Llegan, en suma, y se dispersan los tiempos de ferias y fiestas. Menos de ferias cada vez y más de fiestas, porque lo feriado, que se situaba en el origen de las celebraciones festivas, ocupa otros acomodos más intangibles o menos ligados al calendario, mientras que las fiestas, y las ganas de fiesta en especial, lo parasitan todo. Aún así, el término feria se respeta en algunas localidades e incluso se exporta a otras con sus faralaes incluidos.

     Ese fenómeno de la importación de usos y costumbres ajenas es en realidad una claudicación cultural, sobre todo cuando la migración se produce de una forma más que impostada, puramente artificiosa y con clara tendencia al papanatismo. Sucedió hace años cuando, desde el Ayuntamiento, alguien sustituyó en los programas de fiestas la hoguera de San Juan por la falla de San Juan. Todo arde, claro, pero no es igual ni cualquier fuego es una falla valenciana. Y sucede, desde hace también unos años para acá, con la Feria de Abril, sus sevillanas y sus vinos. Bien está que la iniciativa privada, como se suele decir, busque nuevos mercados y nuevas formas de explotar esos mercados hasta su total podredumbre, pero bien distinto es que las políticas públicas contribuyan a ello con alegría o, directamente, con la mayor necedad.

     Si al menos, y a ser posible sin seguir el modelo de los bazares chinos, la copia fuera digna de encomio, se podría mirar hacia otro lado y no hacer causa de ello. Pero no es el caso. Más que copiar dignamente, lo nuestro es cruda imitación o directo fusilamiento. Es decir, una pena totalmente prescindible. No hablemos ya del buen o del mal gusto, que es asunto opinable, o de si la animación socio-comunitaria es eso. Lo cierto es que abril está lleno de banderas y de acontecimientos notables como para no tener necesidad de estos cambalaches.

Publicado en La Nueva Crónica, 22 abril 2018

miércoles, 18 de abril de 2018

Germinal 18

     Si, como presume el mes en que la escribo, madame, nos encontramos ante un tiempo de semillas, una época de “fermentación y desarrollo”, tal y como asentó la Convención de la Primera República Francesa, entonces no me cabe duda de que vamos usted y yo cumpliendo con el calendario. En primer lugar, porque esta correspondencia nuestra está a punto de florecer dentro de escasas fechas, apenas en un mes. Y, en segundo lugar, porque esparce también alrededor de ella el bálsamo de sus fragancias y me devuelve, nos hubiera devuelto a Santos y a mí al unísono, al instante casi germinal.

     Tal es así, debo decirle, que de nuestro previo intercambio epistolar se deslizó la mención a Éric Vuillard, hasta ese momento un total desconocido para mí. Pues bien, como en tantas ocasiones, a sanar esa ignorancia acudió diligente mi buena amiga Christianne y desde Tours me hizo llegar su novela L’ordre du jour, que mereció ser galardonada el pasado año con el Premio Goncourt. Uno nunca sabe si esto es bueno o malo, lo del premio, porque al repasar la nómina de agraciados descubro que mi ignorancia es aún mayor y tan sólo puedo rescatar de sus últimos cuarenta nombres, como cercanos en algún sentido, a Michel Houellebecq, a Marguerite Duras y a Patick Modiano. Lo cual que volvemos nuevamente a los orígenes: recuerde usted, pues comentado quedó en alguna carta, lo que significó este último para Santos. Creo que también para Christianne.

     En fin, leeré a Vuillard cuando tenga tiempo, como religiosamente he cumplido a lo largo de casi cuarenta años con cuantos presentes ella me ha colmado. No pocos, en verdad, desde que cayera por estos parajes, juvenil y generosa, para ilustrarnos en la lengua francesa y en sus adyacencias y para abrirnos un pasillo hacia esas otras latitudes nunca antes visitadas. A través de él transitamos Santos y yo cuando estuvimos juntos, y lo hago yo ahora sin él, desde su muerte, pero con él a nuestro lado inevitablemente. También Tomás y Dolores, de entre los de entonces, han seguido esas mismas rutas en más de una ocasión. Y así es como gracias a Christianne suenan en esta habitación los textos últimos de Yves Bonnefoy (“en mi sueño de ayer / el grano de otros años ardía a fuego lento”) o resiste aún, entre las paredes apolilladas de la vieja Escuela Normal de Magisterio, el eco antiguo de las canciones de François Beranger y de Maxime Le Forestier. Lecturas y cantables fundacionales: “on se retrouve ensemble / aprés des années de route”.

     Sí, todas estas referencias, que le cito hoy y le he mencionado en entregas precedentes, integran lo que pudiéramos llamar nuestra componente norte, así en lo geográfico como en lo puramente existencial. Los vientos con ese origen nos trajeron una cultura en la que aún militamos, pero a la vez indicaron el camino de nuestros pasos en un sentido inverso al de su dirección. De esta manera nos fuimos construyendo. Ahora, con la vida dándose poco a poco la espalda a sí misma, me sorprende que todavía continúen llegándole nuevos elementos a ese acervo, de los que apenas le hablo en nuestra correspondencia pero que señalan aún la componente de nuestros vientos.

     Así sucederá próximamente, señora, cuando acuda por fin a su encuentro. No será ya en aquellos expresos nocturnos que permanecen inmóviles para siempre en el origen de nuestros viajes. No hay trenes ya como aquellos. Quizá ni haga falta. Pero, reconozcámoslo, literariamente al menos no hay color. En fin, de una forma o de otra, à bientôt.

Publicado en Tam Tam Press, 18 abril 2018

domingo, 15 de abril de 2018

Espías

     No es nada nuevo, a pesar de que los formatos actuales y el eco en las pantallas lo muestren a nuestros ojos como un fenómeno casi exclusivo de estos tiempos. Al contrario, ya el refranero y el repertorio de dichos se nutren de expresiones que confirman que lo de espiar es antiguo como la vida: que hay moros en la costa o ropa tendida se dice, por ejemplo, cuando un tercero puede escuchar una conversación o enterarse de un asunto que no conviene, de tal manera que si el lenguaje lo fosiliza quiere decir que se trata de un comportamiento más que común. Como comunes han sido y son los juegos entre visillos y las miradas tras las celosías. O las rejillas de los confesonarios, tras las cuales, bajo secreto de confesión, los confesores han sido siempre hábiles y tolerados espías de todo tipo de intimidades.

     Evidentemente, poco tiene que ver esa tradición pedestre con los geolocalizadores del CNI, los gases venenosos, las expulsiones de diplomáticos o el robo de datos en redes sociales, que es lo que se lleva y sobre lo que se hace hincapié como novedoso para llenar informativos. Olvidan tales informadores que el género de espías, en el sentido más noble, y el mercado de cotilleos, en el más vulgar, acumulan en la ficción cine y literatura de calidad como para colmar parrillas enteras o estantes en bibliotecas. Quizá lo auténticamente original, como seña definidora de esta nueva edad, sea lo expuestos e influenciables que somos todos sin importar que nuestras dedicaciones sean, como la tradición, bastante corrientes. Es decir, no estamos tanto ante un ejercicio de espionaje masivo como frente a una labor de manipulación general, que es lo que verdaderamente se persigue.

     Mediante infundios y noticias falsas se ha construido y se construye la historia, tampoco eso es nuevo. Ojeadores, voyeuristas, informadores, soplones y murmuradores no nos han faltado nunca. Así pues, lo que debe preocuparnos en verdad es lo mentecatos en que nos hemos convertido. Por ahí hay que empezar.

Publicado en La Nueva Crónica, 15 abril 2018

miércoles, 11 de abril de 2018

JOSEBA ECEOLAZA: Camino Oscoz y otras historias del 36

EL AUTOR
     Joseba Eceolaza fue miembro del Parlamento de Navarra entre 2007 y 2011, donde recibió el Premio Parlamentario Revelación por parte de la Asociación de Prensa de Navarra. En los últimos años ha sido una de las caras visibles de Bateare y de la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra (AFFNA36). En mayo de 2017 se incorporó a la Ejecutiva de CCOO de Navarra, de la que es responsable de Comunicación. Es autor del Poemario Apuntes de servilleta.

EL LIBRO
     El libro se centra en la historia de esta mujer republicana, Camino Oscoz, la única maestra asesinada en Navarra en aquellos momentos. Murió, con 26 años, el 10 de agosto de 1936. Además, de la mano de la protagonista, el autor del libro recorre los impulsos modernizados de la República, la importancia de la UGT en aquella época, la represión franquista y la experiencia de las asociaciones de memoria histórica.

EL TEXTO
     "Escribir sobre la memoria es hacerlo sobre un calendario negro. Difícil escoger las palabras precisas que describan tanta desdicha. Porque la fiesta de los tiros alcanzó a tantos durante tantos días que los veranos, a veces, huelen a cuneta".

domingo, 8 de abril de 2018

Senado

     Sucedió que preguntaron al senador Luis Aznar sobre el estado, dicen que lamentable, de un tramo de la autovía que une León con Benavente. Es decir, un tramo de la llamada A-66, que conduce, bien a Asturias, bien a Madrid y otros destinos. En suma, le preguntaron por ese patatal. Y sucedió que, en un alarde de retórica hueca, el senador Luis Aznar respondió sin sonrojo lo que sigue: “nadie desde la razón puede decir que la provincia esté mal comunicada”. Es lo mismo que ocurre cuando, mutatis mutandis, preguntas en un examen por los reyes godos y te responden que Toledo es una ciudad muy bonita.

     Son cosas de los senadores, claro, que como el mismo Luis Aznar reconoció habían venido a León sin hacer uso de esa ruta señorial, inaugurada en 2003 por Álvarez Cascos en tiempos de esplendor (de Álvarez Cascos, quiero decir), quien afirmó al cortar la cinta de rigor: “se ha acabado la política del agravio y del lamento, porque la falta de infraestructuras ya no se puede utilizar para decir que constituyen un obstáculo para el desarrollo de la provincia. Se rompe el tópico de la incomunicación”. Más o menos lo mismo de los reyes godos y Toledo.

     Porque, según informó el senador Luis Aznar, la mayoría de sus colegas habían venido en AVE, esto es, en ese vistoso y caro tren que en un tramo de longitud parecida al antes comentado, entre León y Palencia más un suplemento en el entorno de Valladolid, circula en vía única y se ve sometido, las más de las veces, a acomodar su alta velocidad a las desdichas de los cruces con otros servicios que usan el mismo corredor mutilado. Y eso sin meterse en berenjenales sobre si alguien de entre ellos procedía del Bierzo, que ése sí que es otro cantar de gesta.

     En fin, el Senado da para eso y para poco más, francamente, y tampoco se pide un exceso de inteligencia para acomodarse en él. Es de suponer, no obstante, que, concluida la sesión, sus señorías disfrutarían de la capital gastronómica sin mayor indigestión. ¿O habían venido a otra cosa?

Publicado en La Nueva Crónica, 8 abril 2018

domingo, 1 de abril de 2018

Devoción

     Al cabo, entre borrascas y torrijas, ido marzo, el mes acabó siendo un mar de devociones derramadas. No nos referimos tan sólo al hecho circunstancial de que en dicho mes se haya acomodado en este año la semana de los fervores religiosos, aunque haya sido ése a la postre el colofón más adecuado para tanta veneración. No, todo o casi todo en el tiempo ventoso se ha teñido con los tintes del culto en sus más diversas expresiones y sólo quedó el consuelo de que el clima enloquecido no nos mayeara a destiempo.

     He ahí lo catalán, o lo español, que escapan ya a cualquier formato coherente para convertir la reivindicación y los argumentos razonados en pura fe inflexible, así para los pros como para los contras. Pero también, en otro orden de cosas, un aire devocional envolvió las marchas de mujeres y de pensionistas, las hordas de hinchas y las romerías de turistas, las concentraciones contra las armas y los lutos por el niño muerto. Es lo que ocurre en unos tiempos en que, cuentan, se derriten las ideologías e incluso crecen en las encuestas aquellos que presumen de no tenerlas. De modo que a falta de pan buenas son tortas: todos necesitamos asideros, por líquidos que puedan ser, y, si las ideas caducan, habrá que abonarse a las devociones como a clavos ardientes. A pesar de que en muchos casos sean simples inclinaciones sin mayor consistencia.

     Todos tenemos nuestros devocionarios personales, que no son precisamente libros de oraciones. O tal vez sí, porque lo evidente es que vivimos nuestras pasiones con un acento de religiosidad excesivo e incluso inquietante. De ahí que lo religioso, al menos en este país descreído de todo, gane posiciones en numerosos ámbitos sin graves estridencias ni demasiada contestación, de lo legal a lo cuartelero y de lo doméstico a lo institucional. Y bien está si no fuera porque lo sentido apenas tiene contrapeso en lo pensado, que es lo que al final garantiza ciertamente el progreso y los derechos, en lugar de las bendiciones y la ilusión.

Publicado en La Nueva Crónica, 1 abril 2018

miércoles, 28 de marzo de 2018

Los adioses

“This is the end…”, cantaba Jim Morrison allá por 1967, y bien podría ser ése el lema para este artículo que cierra la última serie por ahora de Moderato Cantábile, 33 artículos que empezaron a publicarse en septiembre de 2012 y hoy concluyen su recorrido. Aunque no es exactamente el fin; al cabo, hubo también otras series anteriores y podría haberlas en el futuro. La actual nació para las revistas digitales Conecta León y Saba, iniciativas que fueron de gentes vinculadas a la Radio Universitaria de León, perdidas por el camino, que, no obstante, ha apurado sus entregas hasta el día de hoy, cuando se dispone a decir adiós. Antes habíamos tenido expresión sonora en la radio municipal de San Andrés del Rabanedo (1998) y en la citada Radio Universitaria (2003-2011).
De manera que, fieles a nuestro guión, nada mejor que examinar lo que el cancionero canta en materia de despedidas, que es mucho, y más concretamente en el terreno de los adioses, que también es bastante. Lo cual que, dicho así, sin más adornos, obligado nos parece entonar a palo seco el primer eslabón de esta cadena confiando en El adiós de Los Cardiacos  [https://www.youtube.com/watch?v=z7Kr-s2CRA0] o en el no menos escueto Solamente adiós [https://www.youtube.com/watch?v=0Z-6-RaAITw] de Ariel Rot. Una y otra propuesta no se explayan en pormenores, lo que quizá resulte más que adecuado para todo tipo de despedidas. Porque para la mejor descripción de estas situaciones conviene recuperar, y cerramos en falso el primer capítulo, a Las Hijas del Sol con aquel cantable más que atinado que se llamó precisamente La despedida, cuyo vídeo se anota como perdido en medio de esos algoritmos de dios, aunque su audición sería más que conveniente.

En otro orden de cosas, los adioses suelen contar siempre con un referente o con un receptor, físico o no, que agudizan un poco más el ingenio de letristas y acotan el territorio de los textos. Son abundantes tales expresiones, algunas de ellas verdaderamente recomendables. Por un lado, Tarna, dúo leonés más que interesante dedicado al folk tradicional, se despide de un paisaje en Adiós Valle de Ancares, el mismo cantable que antes habían grabado el extraordinario Joaquín Díaz [https://www.youtube.com/watch?v=_PWqf-Fnfgs] y el grupo gallego Luar Na Lubre [https://www.youtube.com/watch?v=0cpV-mD1VMg]. Lo mismo que hizo un joven y perpetuo Amancio Prada, sirviéndose de los poemas y de la melancolía de Rosalía de Castro, al entonar Adiós ríos, adiós fontes [https://www.youtube.com/watch?v=XmZMWldLk6k]. Y mucho más concreto en eso del terreno y sus posibilidades, si bien quizá más sugerente en lo universal que los anteriores, se mostraba por fin Elton Johm al evocar al Mago de Oz en Goodbye yellow brick road [https://www.youtube.com/watch?v=w_cmYrXH85M]. Por otra parte, entre quienes han elegido personalizar sus despedidas, lugar privilegiado ocupa a nuestro parecer el maltrecho Luis Eduardo Aute, que en tiempos dijo Adiós, Inés de Ulloa, una canción más satírica que lítica, como de él cabría esperar [https://www.youtube.com/watch?v=IX6hhr61qgk]. O unos jovencitos Ronaldos, con un jovencito Coque Malla al frente, que se despedían de su padre a la vez que le reclamaban algo así como un anticipo de la herencia en Adiós, papá [https://www.youtube.com/watch?v=2mvEA1_AhKc ]. Y en el capítulo internacional, pocos, muy pocos como los italianos para soltar el moco antes de partir y dejarnos embelesados, tal y como nos demostraron Luigi Tenco en Ciao, amore, ciao [https://www.youtube.com/watch?v=TB-9jtUH4hE] y Domenico Modugno en Ciao, ciao, bambina [https://www.youtube.com/watch?v=_f8avEc1mPw]. Finalmente, caídos de lleno en la confitura, nada mejor que pasar a otra cosa de la mano de Simon & Garfunkel, jovencitos también, que en su momento se atrevieron a cantar sin rubor alguno Bye, bye, love [https://www.youtube.com/watch?v=TVJUe2hInX0].

Claro que si nos tuviésemos que poner en plan pose absoluta para decir adiós y enmarcar una melodía de despedida, entonces la canción elegida no podría ser otra que Virginie adieu [http://www.musictory.fr/musique/La+Bottine+Souriante/Belle+Virginie], del grupo quebequés La Bottine Souriante, un cantable marinero que no se lo salta ni el más aguerrido navegante.
Así que vayamos yendo hacia el final, antes de que nos venza la melancolía de nuestras músicas. Un adiós definitivo y sin marcha atrás es el que nos propuso Corcobado en su Adiós respirar [https://www.youtube.com/watch?v=l101N7pbIxk]: “Sólo dame adioses que rompan mis ojos / y astillen mis brazos sin tu respirar”. A su lado, cualquier despedida es puro almíbar, por más que Zarah Leander, la máxima estrella femenina de la Alemania nazi, se aprovechase del tirón sensible y se sirviese del momento para enseñarnos idiomas en Sag’ mir nicht “Adieu” – Sag’ mir “Auf Wiederseh’n” (No me digas “Adieu”, di “Auf Wierderseh’n”) [https://www.youtube.com/watch?v=DaR-mSgcITU]. Y por más que Gloria Gaynor nos recomendase sin remisión alguna que es mejor Never can say goodbye [https://www.youtube.com/watch?v=CCSvNZWpXaM] y al menos nos anime el cuerpo antes del último eslabón de adioses.


En fin, habrán podido comprobar sus mercedes en esta larga serie de Moderato Cantábile que el cancionero tiene expresiones para todos los gustos, colores, temas y emociones. Que el adiós no es una excepción y que también, para ello, se aventura en todos los rincones y vericuetos del existir. Lo que no es nada sencillo, al rematar la faena, es extraer un único cantable del conjunto, con el que adornar debidamente todo este amplio acervo sonoro y, a la vez, concluir con un gusto lo bastante amable como para esperar con serenidad y ganas un próximo reencuentro. Si llega a haberlo. De modo que permítanme elegir una pieza que reúne a la perfección todo cuanto antes he referido y mucho más aún: Comment te dire adieu? (¿Cómo decirte adiós?), una canción debida a la inspiración sin límite del crápula Serge Gainsbourg y que puede disfrutarse en la versión oscura del propio autor [https://www.youtube.com/watch?v=vuOisujsOUk], en la de una jovencísima  Françoise Hardy [https://www.youtube.com/watch?v=mwhX5V1Gn6w], en la muy divertida de Jimmy Sommerville [https://www.youtube.com/watch?v=YXGspic_NUE] o en la de nuestra siempre admirada Jane Birkin [https://www.youtube.com/watch?v=yODRNUlPmCg].

domingo, 25 de marzo de 2018

Ritmo

     El caso es que, entre las irrealidades que nombrábamos la semana pasada, una se muestra como superior e incontestable porque viene de la mano de la matemática, que, como se sabe, es ciencia exacta donde las haya. Nos referimos a los algoritmos, ese conjunto ordenado y finito de operaciones, dice la RAE, que permite hallar la solución de un problema y que, al parecer, dicen otros, no genera ninguna duda. Tanto es así que en estos momentos parecen dirigir el destino tanto de la realidad como de la irrealidad.

     En tiempos más antiguos, cuando la ficción era sólo eso y no había suplantado otros planos de la existencia, como mucho nos confiábamos a los logaritmos, que era cosa de bachilleres espabilados. Y aunque tuvieran su traslado al mundo cotidiano, según nos explicaban, no se convirtieron nunca ni en dictadura del ser ni en determinación del estar, tal y como sucede ahora con el otro ritmo. Quizá porque, en apariencia, se asemejaban a otras operaciones comunes, por más que lo suyo fuera ya de una complejidad notable.

     Cuentan que la ventaja del algoritmo es su neutralidad, lo cual se lo deben creer sólo los rectores de Google y otras compañías por el estilo, que se sirven de ellos para seleccionar y catalogar a su personal sin discriminación ni tacha subjetiva. Sin brecha, como decimos ahora. Claro que del mismo estilo es Uber y no encontraremos nunca entre sus chóferes ni a mujeres ni a inmigrantes. Tal vez porque toda lógica matemática esconde en el fondo una lógica borrosa.

     En fin, a quien en verdad le gusta el ritmillo es al más alto representante de la estirpe empresarial de Castilla y León. En una jornada sobre el futuro del trabajo celebrada la pasada semana en Valladolid, no se le ocurrió nada mejor para solucionar nuestros problemas laborales que reclamar el cambio de titulaciones, potenciando los estudios llamados STEAM (ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas) y reduciendo esas dichosas humanidades, de las que tan sobrados andamos. Puro reguetón.

Publicado en La Nueva Crónica, 25 marzo 2018

miércoles, 21 de marzo de 2018

NATIVIDAD ORTIZ: Masonas y republicanas

LA AUTORA
     Historiadora y profesora. Su tesis, Premio Extraordinario de Doctorado, se dedicó al estudio de Las mujeres en la masonería española. Es autora de la obra Mujeres masonas en España. Diccionario biográfico (1868-1939) y es miembro del Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española. Además ha publicado dos novelas: Hijas de la luz y Doce años y un día. Ha escrito artículos sobre la historia de las relaciones de género.

EL LIBRO
     Como señala el subtítulo, se trata de la historia de cinco mujeres comprometidas con los valores republicanos y la masonería. En esa doble condición, confluyeron en los tiempos de la segunda República. Las retratadas en el libro son: Clara Campoamor, Consuelo Berges, Hildegart Rodríguez, Aurora Bertrana y Carmen de Burgos. Todas ellas figuran de forma notable en el origen del compromiso político de las mujeres, en el impulso de las ideas feministas y en la defensa de los valores sociales.

EL TEXTO
     "Las cinco fueron mujeres modernas en el sentido más amplio de la palabra. En todas ellas hay un impulso de modernidad que las sitúa a mucha distancia de la mayoría de sus contemporáneos, en la vanguardia de los tiempos. Fueron dueñas de sí mismas en una época en la que algo que parecía tan simple era tan complicado. Procuraron deshacerse de todas las ataduras. Para ellas la libertad fue algo más que un sueño, tal vez un deseo, pero también un principio y finalmente una obligación que se impusieron desde muy jóvenes sin importarles el precio que tuvieran que pagar por ella".

domingo, 18 de marzo de 2018

Irrealidad

     Tan marchita está la realidad que nuestros esfuerzos, si es que lo son, se dirigen sobre todo a huir de ella no se sabe bien hacia dónde. No es necesario visitar ningún congreso mundial de móviles ni leer severas tesis al respecto para llegar a tal conclusión. Basta mirar en torno para verificar el reinado de lo irreal: gente corriente ensimismada con sus pantallas en el tren, en el bar, en el trabajo, en las calles… sin atender prácticamente a otros estímulos que no provengan de ese espacio vidrioso; gentes jóvenes adocenadas por operaciones de triunfo artificial con las que aliviar el sentimiento de fracaso real que se les tiene más que anunciado; gentes presuntamente estudiadas y acomodadas, a medio camino entre Waterloo, el Soto del Real y el Paseo de Gracia, alimentando paraísos imposibles y órganos de gobierno paralelos; gentes que predican desde el púlpito la llegada del demonio en forma de mujer o que se colocan un lazo morado en la solapa y se declaran feministas a conveniencia, todo ello sin dolor de los pecados ni acto de contrición alguno; gentes de bien que continuarán matando judíos en unos días y brindarán en familia con esa limonada agria de la historia sin mayor inquietud ni zozobra. Ante semejante despliegue, evidentemente incompleto, a nadie le podrá extrañar el éxito fácil de las noticias falsas ni el eco extenso de rumores, bulos y demás patrañas que contaminan aires, mentes y existencias todas: desde el fluido húmedo de aviones convertido en veneno hasta los discursos trumpistas transformados en oráculo del bien y del mal. Antiguamente, así hacía mi padre al menos, la verdad incontestable era lo que se decía en el bar, donde, de lo malo malo, existía tertulia. Hoy, en cambio, lo absoluto procede de la Interné, que no necesita contraste ni comprobación y que sólo viene, por lo general, a confirmar nuestros previos juicios. No importa su grado de subjetividad o rigor. Pero nada de todo eso nos saldrá gratis: lo pagaremos con bitcoins, por supuesto.

Publicado en La Nueva Crónica, 18 marzo 2018